Conviértete en un experto del descenso

El ascenso es esfuerzo, el descenso diversión. Simplificando al máximo, estos son los dos polos extremos que definen la estructura de cada salida en la cabeza del ciclista. Y a fin de cuentas, es verdad. A pesar de esto, el descenso puede ser nada divertido si se afronta con ligereza, sin una buena técnica y la justa dosis de prudencia, convicción y confianza en nosotros mismos.

Muy a menudo los aficionados del ciclismo corren grandes riesgos lanzándose a toda velocidad en posiciones inverosímiles, imitando a los campeones de la televisión. Sin un perfecto dominio de la bicicleta, tal vez un poco agarrotados por el miedo, hasta una simple curva mal tomada, un pequeño bache o una frenada incorrecta pueden resultar extraordinariamente peligrosos y comportar un riesgo de caída real y tangible.

Veamos algunos consejos que conviene tener en cuenta, recordando que no todos somos Savoldelli y que la seguridad es lo primero en absoluto.

La seguridad en la cabeza

Nos gustaría pensar que este primer punto es superfluo, visto que la difusión del uso del casco hoy es casi total. Con relación a ese «casi», si alguien renuncia voluntariamente a un «accesorio» capaz de salvarle la vida, no hay mucho que se pueda hacer o decir al respecto…

Ojos abiertos por delante y… por detrás

A propósito de accesorios, ¿por qué no probar un espejo retrovisor? La visibilidad trasera es tan importante como la delantera. O todavía más. Al descender a alta velocidad es fundamental tener un amplio campo de visión de todo lo que tenemos delante, pero también por detrás: con el viento silbando en los oídos no es fácil oír los ruidos que llegan desde atrás y a menudo nos encontramos circulando al lado de motos o coches (u otros ciclistas más temerarios que nosotros) que avanzan a nuestro lado o nos adelantan «por sorpresa». En estos casos un ligero derrape instintivo puede comportar un riesgo considerable. Por no hablar del alto porcentaje de accidentes de bicicleta que se producen precisamente cuando el ciclista se da la vuelta para controlar. Aunque la falta de costumbre y el miedo a estropear el look han frenado hasta hoy la difusión de los espejos retrovisores, las cosas finalmente están cambiando. Con Eyelink de Selle Italia, los apasionados disponen de un espejo de diseño elegante y sofisticado que se integra perfectamente con los mandos garantizando un amplio campo visual.

El agarre adecuado

Durante el descenso es necesario «sentir» y controlar perfectamente la bicicleta. Para ello, la mejor empuñadura es la baja, es decir, agarrando la curva del manillar. De este modo el baricentro se encuentra más bajo y ofrece una mayor estabilidad, aumentando la sensación de «cohesión» con la bicicleta. Con los brazos ligeramente doblados y dos dedos apoyados continuamente en las palancas de los frenos se garantiza una buena reactividad y rapidez de reflejos en caso de que ocurra algo inesperado: en definitiva, una mayor seguridad.

Con el agarre alto se correría el riesgo de no frenar con la fuerza necesaria y de perder el control del manillar en caso de rebotar en el asfalto.

Una buena cinta contribuye a mejorar el agarre, por lo que es un detalle que no debe ser subestimado. Smootape, por ejemplo, es una cinta hi-tech —patente internacional Selle Italia— que, gracias al acabado especial de sus bordes está libre de pliegues o solapados, por lo que garantiza una empuñadura especialmente agradable y segura.

Dos frenos son mejor que uno

La frenada en el descenso debe ser potente y progresiva, distribuida en ambas ruedas (los expertos recomiendan el 70 % delante y el 30 % detrás) y sin llegar a bloquearlas por completo en ningún momento. Cada cual tiene su propio estilo con la bicicleta, pero para alcanzar la máxima fluidez es aconsejable tirar de las palancas simultáneamente y de forma gradual, yendo más a fondo con la de la izquierda, que controla el freno delantero, y desplazando el peso del cuerpo hacia atrás al mismo tiempo. Última cosa. Se frena solo con la bicicleta perfectamente recta: una vez tomada la curva, ni siquiera se debe pensar en tocar las palancas ya que se corre el riesgo de derrapar.

¿Doblamos bien esa bicicleta?

Para controlar correctamente la bicicleta durante el descenso es fundamental afrontar las curvas siguiendo la trayectoria adecuada y aumentando al máximo el radio, es decir, desplazándonos con antelación hacia el lado exterior, entrando hacia el interior y saliendo ligeramente de nuevo. Esto permite no perder demasiada velocidad. La curva debería ser «redondeada» también con los ojos, dirigiendo la mirada hacia el punto de salida y no hacia el de entrada, aunque el aspecto más importante para garantizar un buen agarre tal vez sea la inclinación. Para contrarrestar la fuerza centrífuga y mantener la adherencia, es necesario inclinar la bicicleta hacia el interior solidariamente con el cuerpo y confiar en el agarre de los neumáticos. Es importante no agarrotarse y equilibrar correctamente el peso: el baricentro del cuerpo debe permanecer alineado con las ruedas, dado que en caso contrario la bicicleta corre el riesgo de resbalar.

¿Cómo hay que llevar las piernas? Sobre esto hay infinidad de teorías, pero la postura tradicional sigue siendo siempre válida, con la rodilla del lado interior doblada y el pie del lado exterior empujando bien en el pedal.

Mantén caliente el motor

El descenso sirve también para recuperar energías después del ascenso, pero dejar de pedalear y abandonarse a la fuerza de gravedad para bajar sería un error. Los músculos se enfriarían demasiado, dejándonos con las piernas rígidas al retomar un trayecto de carretera llana o cuesta arriba.

Es mejor seguir pedaleando sin exagerar con el cambio, no para ganar velocidad, sino para estimular ligeramente el corazón y los músculos con el fin de eliminar más eficazmente el ácido láctico acumulado.

Acelerar el ritmo de marcha después de las curvas puede ser un modo útil y divertido para seguir realizando un mínimo esfuerzo.

Un consejo adicional

Cuando salimos en grupo y hay alguien que sabe bajar mejor que nosotros, intentemos ir detrás de él siguiendo sus trayectorias y modulando las frenadas como él. Es un método muy útil para ir ganando confianza sobre el terreno y para aprender a superar los límites que nosotros mismos nos hemos fijado.

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