Lombardía

Ghisallo, un reto que vale el doble

Salida

Erba (CO)

Llegada

Erba (CO)

Longitud

54,8 km

Desnivel total

1.070 m

Nunca antes había comenzado la temporada sólo en abril, pero este año fue así. Lamentablemente, por culpa de una molesta tendinitis en la rodilla estuve inactivo todo el invierno.

Todavía tengo que recuperar el estado físico, pero como primera vuelta en mi sillín elegí un recorrido elemental, no demasiado exigente, pero satisfactorio: el superclásico anillo en el triángulo lariano – 50 km y 1.000 m de desnivel – con salida y llegada a Canzo, pasando por el legendario Ghisallo, luego Bellagio, bordeando el lago hasta Onno, y con el ascenso final de Valbrona.
A propósito de sillín, aproveché la oportunidad para probar el Max Flite Gel Flow di Selle Italia, una joya tecnológica de gel que debería resultar particularmente confortable; elegida con el nuevo sistema idmatch, que identifica el tipo y el modelo ideal en base a las características físicas del ciclista. Perfecto después de un largo período de inactividad.
Nota al margen: el biomecánico me recomendó retroceder un poco el sillín para evitar sobrecargas en la articulación. Conviene tenerlo en cuenta.

La historia del ciclismo

El aire de ciclismo legendario que se respira en esta zona te da una carga especial: el solo nombre “Ghisallo” evoca la epopeya del Giro de Lombardía y las hazañas de muchos campeones, pero hoy me conformo con subir a mi ritmo, sin dejar los pulmones en la carretera. Llegar a la cima será en todo caso, y como siempre, emocionante, con el pequeño Santuario que te acoge después del esfuerzo. Además, allí ha abierto recientemente el imperdible museo del ciclismo: caminar por entre todas esas reliquias con los zapatos de ciclismo y las abrazaderas que hacen ruido sobre el pavimento te hace sentir parte de la historia de este deporte.
Pero volvamos a la actualidad, o sea, a nuestro itinerario. Hoy somos 3: me acompañan los amigos de siempre, contentos de volver, finalmente, a pedalear juntos. Dejamos el automóvil en Erba, unos km antes de Canzo, para llegar precalentados al ascenso. El tiempo es perfecto: 16 grados sin nada de viento. Ideal para el corto.
Se recorren unos 7-8 km de pendiente ligera sin dificultad (pero ojo al tráfico); superado el lago Segrino, la pendiente se vuelve más interesante, siempre alrededor del 6%. Se prosigue sin cambios de inclinación hasta un par de km antes de la cumbre, con un 9%, matizado por un engañoso rectilíneo largo y amplio que no termina nunca. Cuando el ordenador marca 16,5 km y 490 m de desnivel desde Erba, se llega al aparcamiento del Santuario de la Virgen de Ghisallo. Mejor no mirar el promedio. Hoy no es día de “prestación”. Nos tomamos todo con comodidad: barrita, café, visita al museo. Como verdaderos turistas.
Ahora nos espera la bajada a Bellagio: 10,6 km que precipitan casi 600 m al Lago de Como, con pendientes de hasta el 11%.
Hasta aquí la rodilla ha resistido, la pierna está discretamente bien, y el sillín es fantástico, como estar en un sillón. Una vez en el pueblo, la propuesta es obvia y unánime: volvemos a subir recorriendo el mismo camino de descenso en la dirección opuesta, en vez de completar el anillo desde el más “complaciente” Valbrona según el programa.

Además, la “verdadera” escalada al Ghisallo es por esta ladera.

Listos, preparados, ya, sin pensarlo dos veces. El esfuerzo se hace sentir de inmediato y la pierna se pone pesada repentinamente, pero las continuas curvas cerradas ayudan muchísimo. Con una pendiente media del 9% hoy es impensable para mí subir con un cambio superior a 28… Nos reconfortamos con la vista del Santuario 45 minutos después: más del doble de lo que tardan los profesionales. Pero está bien así. El regreso a Erba es administración ordinaria.

 

Créditos: Restuccia Giancarlo / Shutterstock.com

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